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Camila Damerau

Profesora de alemán y castellano.

 



Entrevistadora: ¿Cuándo llegaste a Alemania?
Camila: El 23 de abril de 1992

E: ¿El 23 de abril?, el día de la muerte de Cervantes y del libro en España.
C: Sí, y de la muerte de Shakespeare.

E: Sí, aunque parece que ése es un error de interpretación, porque ambos países se regían por calendarios diferentes, y según dicen ahora los estudiosos habría muerto el 6 de mayo, pero bueno... ¡Qué barbaridad! hace 10 años...
C: Ja, ja, ja, sí, recién terminada la escuela, tenía 18 años...


Camila y una amiga en el río de La Plata

E: ¿Y cómo es que te viniste a Alemania? ¿A estudiar?
C: No, porque quería conocer Alemania, había estudiado el idioma y quería ver otra cosa, salir... Y salí. Llegué a Augsburg, donde tenía parientes, aunque no directos, luego fui a casa de otros parientes en Suiza, y entonces sí que decidí quedarme a estudiar. Creo que fue también quizás la posibilidad de volver a la docencia que siempre me había encantado, pero en Argentina yo sabía que no se puede vivir de ello, la situación estaba tan mal...

E: ¿Habías estudiado en un colegio alemán? ¿Y eso?
C: Bueno, en un colegio bilingüe alemán-castellano. Mi abuelo era alemán. Emigró en 1938 por razones políticas, ya que era periodista y socialista. Estuvo primero en Inglaterra y finalmente se marchó a Argentina. Y hubiera querido volver, pero fundó una familia y qué se yo, la vida...

E: ¿Cuál era la relación de tu abuelo con la cultura alemana en Argentina? ¿Tenía contactos con otros emigrantes alemanes?
C: ¡Uy, sí! Y fue un problema familiar, porque muchos se casaban entre ellos, y mi padre no, él se casó con una argentina , ja, ja, y en casa hablábamos castellano y teníamos las costumbres del país...

E: Pero fuiste a un colegio bilingüe...
C: Si, bueno, ya sabes, las raíces... No, no, yo tengo que decir que crecí con las dos culturas. Por ejemplo, festejábamos Navidad a la criolla con el pesebre y con todo lo que se festeja en Argentina, y también lo hacíamos a la alemana, con las velitas, el Tannenbaum y cantábamos Oh, Du fröhliche, pero sin iglesia, todos ateos... Cuando íbamos a casa de mis abuelos paternos era como si fuéramos a otro país, comíamos a la noche pan con fiambre y "saure Gurken".

E: Por el hecho de tu ascendencia alemana y de ir a ese colegio, ¿no te sentiste extraña en la sociedad argentina?
C: Bueno es que mi familia nuclear no contaba como alemana, es más en mi colegio yo era "la más argentina". En ese sentido llamaba más la atención en la escuela alemana, ahí había una arrogancia muy fea. Yo mamé una parte muy arrogante de la cultura alemana de muy pequeña por parte de los compañeros. Yo no mandaría a mis chicos a ese colegio, aunque claro es una riqueza muy grande, si no hubiera ido no hubiera podido entablar una relación tan estrecha con el idioma.

E: ¿Y hablabais con tu abuelo en alemán?
C:Sí, conmigo siempre hablaba en alemán, no recuerdo haberle escuchado una palabra en castellano, pero con mi madre claro lo hablaba, porque ella no sabía alemán. Sin embargo, mi padre no, nunca hablaba conmigo en alemán.

En clase de alemán

E: ¿Te consideras bilingüe?
C: Espontáneamente te diría que no. Creo que bilingüe se suele definir cuando eres niño y yo entonces no lo era, sentía en castellano, pero siempre tuve una comunicación muy buena con el alemán, quizás por la relación que tenía con mi abuela, con la que también hablaba en alemán. Y después de tantos años en Alemania siento que ya pienso en alemán en muchas cosas y cuanto más tiempo pasa más plástica y linda me resulta la lengua, quiero a la lengua alemana.

E: ¿Y te gusta enseñar alemán?
C : Sí, me gusta mucho. Me identifico mucho con los alumnos, porque sé que los entiendo muy bien. Yo también tuve que aprender mucho cuando llegué y tenías dificultades con el Dativ y el Akkusativ y con aspectos de la cultura. Disfruto mucho con las clases. Tienen una riqueza enorme, hay gente muy mezclada en cuanto a la clase social, la edad, la nacionalidad pero con un interés enorme por aprender y con algo muy fuerte que los une que es el llegar a sobrevivir en este país, el encontrarse y sentirse bien. Tú te das cuenta de que les das algo esencial, porque a veces eres la única persona con la que hablan alemán. Es muy intenso. Además creo que en realidad les gusta que yo no sea alemana porque tienen otra conexión, son más sinceros y más críticos; piensan que yo no me voy a ofender o a molestar por ello.

E: Me parece admirable poder identificarse con dos lenguas, dos culturas y además ser capaz de transmitirlas...
C: Sí, además me permite trabajar con alumnos muy diferentes, de aquí, que quieren aprender el castellano y de otros países que necesitan aprender el alemán. De todas formas mi idioma. el que siento más íntimamente, el argentino, ése no se lo puedo dar a nadie, me encantaría pero no es el castellano que enseño, porque es demasiado específico, aunque sí que pueda sensibilizar a los alumnos hacia las variantes que existen y les enseñe algunas. Sería lo mismo si fuera de Baviera o de Suiza, que no enseñaría ese dialecto en clase.

E: Y ahora estás estudiando árabe...
C: Sí, me encanta. Recuerdo que cuando llegué a Alemania les decía a mis amigos y a mis padres que se me abrió la cabeza y ahora que aprendo árabe me doy cuenta de que sí que se me abrió de verdad, por todo: la música, las costumbres, la comida, el sentimiento religioso. Además hay muchos aspectos que me recuerdan al temperamento latinoamericano. Por otra parte, el hecho de escribir de derecha a izquierda y con un alfabeto totalmente diferente te hace sentir como una niña de cinco años.
Entiendo las dificultades que tienen mis alumnos árabes con nuestros estilos personales de caligrafía, porque si yo no me esmero para escribir bien, no me entienden la letra.


E: Y lo que tú estudias es un árabe estándar
C: Sí, pero es muy diferente al caso del español en que hay un estándar que la mayoría entiende y también lo hablan. El árabe que se aprende es un árabe muy formal que la gente no habla en la vida cotidiana: se utiliza en los libros y los medios de comunicación y se aprende en la escuela. Un marroquí y un egipcio, por ejemplo, sólo pueden entenderse en ese idioma, ya que los dialectos locales son demasiado específicos. Así que cuando yo hablo es como si estuvieran escuchando las noticias y es un poco deprimente.

E: Bueno, pues suerte con tus proyectos y muchas gracias.

 

Septiembre, 2002