El prolongado exilio político que padeció Alberti dejó una huella profunda en su obra poética. Recordar los poemas que escribió durante su destierro es emprender un largo perigrinaje por Europa y las tierras americanas: la naturaleza, sus habitantes y su circunstancia política, los amigos...

En este viaje poético los nuevos paisajes se confunden con los recuerdos de una España perdida; la geografía actual y sus hombres se mezclan con aquellos lugares de la memoria y con sus muertos, tan cercanos al escritor. Los poemas de este continuo retorno a las raíces desplazadas expresan la nostalgia y la añoranza por verse ausente, el dolor de la pérdida, la esperanza de un regreso real..., pero también la ira ante la injustica y su rechazo.

 

 

" Yo... nosotros... somos desterrados políticos desde el final de la guerra de España. Nosotros, tanto María Teresa como yo, hemos sido y seremos siempre gente muy activa en la lucha contra el fascismo español y contra todo lo que represente esa reacción terrible que la llevó a una guerra donde hubo un millón de muertos y medio millón de exiliados políticos. El deseo de volver a España es permanente en todos los españoles que hayan vivido en España y que hayan luchado por ella. Así que es permanente en mí, es siempre la presencia de España. Llámelo nostalgia o lo que sea pero no es una nostalgia de tipo sentimental ni puramente patetista. Es una tristeza o nostalgia de tipo positivo, de tipo constructivo que me hace hablar de España, recordar a España...Y me hace llevar ese poeta de ataque... de lucha, y hasta violento, si tú quieres. (Entrevista grabada en Roma en 1974, publicada en El dilema de la nostalgia en la poesía de Alberti).

 

 

Retornos de lo vivo lejano (1946-56) es uno de los libros más bellos y conmovedores que Alberti escribió durante su destierro argentino.

 

 

"En aquellos años de destierro argentino, mi lejana vida española se me perfila hasta los más mínimos detalles, y son ahora los recuerdos -lugares, personas, deseos, amores, tristezas, alegrías...- los que me invaden hora a hora, haciendo del poema, no una elegía por las cosas muertas, sino, por el contrario, una presencia viva, regresada, de las cosas que en el mundo no murieron y siguen existiendo, aun a pesar de su aparente lejanía. Libro sin fin, pues es como la crónica de los momentos mejores o peores de mi vida, de esos que espero siempre su retorno."

 

De este libro hemos escogido el poema que les dedica a sus hermanos a través de la memoria de la madre, a la que Alberti siempre se sentirá especialmente unido por su sensibilidad artística. Hermanos recuperados en este poema de una separación, que no es sólo la física del destierro, sino otra más íntima, una lejanía vital, ideológica, que nos recuerda la ruptura con el entorno familiar del Alberti revolucionario. En otros poemas de libros anteriores recogidos en El poeta en la calle, los versos que Alberti dedica a su familia serán más amargos que éste; versos en que condena un ambiente familiar (sobre todo el reflejado en las figuras de los tíos y abuelos), burgués y católico, del que el hombre y el poeta se alejaron radicalmente.

 


Retornos de Chopin a través de unas manos ya idas

A mi madre,
que nos unía a todos en la
música de su viejo piano.

Era en el comedor, primero, era en el dulce
comedor de los seis: Agustín y María,
Milagritos, Vicente, Rafael y Josefa.
De allí me viene ahora, invierno aquí, distantes,
casi perdidos ya, desvanecidos míos,
hermanos que no pude llevar a mi estatura;
de allí me viene ahora este acorde de agua,
de allí también, ahora,
esta nocturna rama de arboleda movida,
esta orilla de mar, este amor, esta pena
que hoy, velados en lágrimas, me juntan a vosotros,
a través de unas manos dichosas que se fueron.

Era, luego, en la sala del rincón en penumbra,
lejos del comedor primero de los seis,
y aunque cerca también de vosotros, perdido,
casi infinitamente perdido me sentíais,
muy tarde, ya muy tarde,
cuando empieza a agrandarse la llegada del sueño,
un acorde de agua, una rama nocturna,
una orilla, un amor, una pena a vosotros
dulcemente me unían
a través de unas manos cansadas que se fueron.

Y es ahora, distante,
más infinitamente que entonces, desterrado
del comedor primero, del rincón en penumbra
de la sala, es ahora,
cuando aquí, tembloroso,
traspasado de invierno el corazón, María,
Vicente, Milagritos, Agustín y Josefa,
uno, el seis, Rafael, vuelve a unirse a vosotros,
por la rama, el amor, por el mar y la pena,
a través de unas manos lloradas que se fueron.

 

La madre de Alberti
Doña María Merello, madre del poeta

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