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Habanera de Carmen

Iniciamos aquí una sección dedicada a la imagen de España que se ha creado en Europa a través de los siglos y a los propios mitos exportados por los españoles.


Lo que se espera de nosotros

La imagen de un país y una cultura está en buena parte determinada por su proyección en el extranjero, o mejor, por como esa imagen es percibida en el resto de los países. Para muchos de ellos esto no pasa de ser anecdótico, quizá porque la mayoría no están especialmente preocupados por el efecto que producen fuera de sus fronteras; pero en el caso español, esa imagen que de nosotros se tiene no ha determinado que seamos de una forma concreta sino que hayamos acabado por creernos que somos como en realidad no somos, o lo que es aún peor, que estamos obligados a ser como se espera de nosotros. Y lo que de nosotros se espera es que nos adaptemos "a la perfección" a una serie de modelos prefabricados o pre-imaginados principalmente por la lieratura romántica del siglo XIX y por algunos aventureros y viajeros alucinados de principios y mediados del siglo XX, que vieron o quisieron ver en España lo que quedaba bien en una novela o en una crónica de viajes, pero que no habría encajado en sus respectivas sociedades.Y no sólo lo esperan los otros, sino que nosotros mismos, halagados por la atención prestada, nos lo hemos creido hasta tal punto y lo hemos explotado de tal manera ( especialmente el franquismo), que esa falsa identidad ha termidado por ser, o lo fue durante mucho tiempo, un espejo reflejando una imagen romántica y "exportable" que nos fue de gran utilidad y que nos gustaba creer que era auténtica.

Ahora tratamos de quitarnos de encima la Fiesta de Hemingway, la Alhambra mitificada de Irving Washington, el Don Juan inmortalizado por Byron y Mozart, o la Carmen fantasmagórica de Prosper Mérimée primero y de Bizet después, que planea por los grandes teatros operísticos uniendo en una sola obra el machismo de Hemingway, la alucinación romántica de Mérimée, las tendencias vengativas y sanguinarias de los españoles, la sangre cálida de la raza gitana y la furia de la mujer andaluza siempre dispuesta al baile, a la fiesta y al amor... como un pájaro rebelde que en ninguna jaula hallaría paz (no puedo reprimir remarcar aquí la gran contradicción entre el macho español y ese tipo de mujer liberal y rebelde... sería tema de una tesis de sociología). Todo eso en una ópera que sigue siendo, cantada en francés, la más española de todas las óperas.

Pero esa lucha contra estereotipos, tan profundamente arraigados en nuestra identidad cultural, parece estar perdida de antemano. Hemos convivido tanto tiempo con ellos que ya parecen formar parte indisoluble de nosotros. Lo llevamos en la sangre, se dice.

 

Juan Carlos Benavente López, profesor de español.

 

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