Archivo

De Norte a Sur (II)

Agosto 2001

El origen de la deuda externa argentina

Colaboración de Rosa Susana Zito

 

El Gral. Juan Carlos Onganía depone por las armas al Presidente Arturo Íllia en 1966. En su "gesta patriótica" la deuda externa crece de 3.276 millones de dólares a 3.970.
En el 70 cede el trono al Gral. Marcelo Levingston que la infla a 4.765 millones. Este usurpador deja paso a otro depredador, el Gral. Agustín Lanusse, quien establece el rojo en 4.800 millones.
Desde el 66 hasta el 72 la Argentina militarizada vio crecer su deuda en un 46%.

El incontenible avance social dio paso a las elecciones (condicionadas por el poder militar y de la CIA) en 1973, donde triunfa Héctor Cámpora. La sucesión del Gral. Juan Domingo Perón en 1974 está marcada por la deuda personal de cada argentino que sumaba 320 dólares en relación con las obligaciones al exterior.
Muere Perón y asume el poder Estela Martínez, su mujer, en cuyo gobierno, entre otras cosas, asciende la deuda a 7800 millones. Una enormidad que erizaba la piel de cualquier vecino.

Llega el golpe de estado militar. Las siete plagas caen sobre la Nación: tortura, campos de concentración, asesinatos, censura, entrega de la soberanía, robo y saqueo, cierre de universidades y exilios. Una noche aberrante.
También en lo económico: de 1976 a 1983 la deuda externa es llevada por José Alfredo Martínez de Hoz de 7800 a 45. 100 millones. Un crecimiento del 364%.
Surgen los petrodólares entonces. Los bancos internacionales ofrecen créditos fáciles a tasas bajas y comienza el gran endeudamiento argentino. Las empresas privadas toman esos créditos en la banca internacional.
A partir del 80 se agota el paraíso crediticio y lo que era fácil y barato se vuelve difícil y muy caro.
Argentina infla su deuda gracias a la "gestión patriótica" de militares y civiles comprometidos con la causa del círculo de poder que representaban. Compraban armas y pagaban comisiones del orden de los 10 mil millones según el Banco Mundial. El Estado comienza a absorber las deudas de grupos privados cercanos al poder, que pasan al pueblo argentino en una "acción solidaria" de los ministros de economía y el Banco Central.


LLega la democracia. La Presidencia del Dr. Raúl Alfonsín ve crecer la deuda de 46.200 a 65.300 millones. En ese 44% también se reflejan los saqueos a supermercados como expresión de la recesión que se agrava.
La década menemista lleva la deuda un 123% más arriba del ránking. Y la suma crece vertiginosamente, ya sin el patrimonio del Estado, que había ido ofreciendo poco a poco sus empresas a la voracidad externa. Lo que se dio en llamar: Las joyas de la abuela. Desde entonces, un país sin empresas públicas, sin producción, sin perspectivas confiables, multiplica su deuda minuto a minuto con un vértigo inimaginable. El nuevo siglo recibió a los argentinos con una deuda individual de 3800 dólares.

Queda claro que los beneficiarios de la fiesta financiera no son precisamente los trabajadores, ni los jubilados. La deuda externa no se apoya en la educación o en la salud o en el trabajo. La Deuda Externa es impagable, salvo que cada argentino desembolse los 4.000 dólares promedio que guarda en el colchón (¡Ja, ja!) para cumplir con los acreedores externos. Sin embargo parece que esta es la idea del Ministro Domingo Cavallo y sus discípulos: los recortes de los servicios públicos, la usurpación de los beneficos laborales, la precarización de la calidad de vida, los impuestazos, son parte de la transferencia del pago de la deuda a cada bolsillo de la barriada.

No quedan dudas al respecto. La voracidad de los acreedores está siendo soportada por la gente, no por los beneficiarios de aquellas gloriosas fiestas privadísimas.

 

Arriba I Volver