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El Deporte: ¿un campo para los tópicos nacionalistas?

julio-agosto, 2002

Iniciamos este artículo en julio, con motivo de los mundiales de fútbol. Entonces fuimos siguiendo los comentarios que se publicaban en España sobre la actuación de la selección alemana, información que luego comentaremos. Un mes más tarde, durante los campeonatos europeos de atletismo, nos asalta de nuevo la duda sobre la profesionalidad de algunos periodistas al realizar su trabajo. Ya no se trata del fútbol, más popular y pasional, dicen.

En concreto creemos que el comentarista deportivo del periódico El País, Santiago Segurola, tiene algún tipo de obsesión o complejo no resuelto con la cultura alemana. Su tendencia a retratar a sus deportistas como robots enormes que parecen desposeídos de cualquier atributo humano es lamentable. El viernes 9 de agosto, con motivo de la carrera masculina de 400 metros, nos regaló otro de sus brillantes retratos. En dicha carrera un alemán, Ingo Schultz, quedó primero, y un español, David Canal, segundo. Que la especialidad no vive su mejor momento en Europa está claro y que no son marcas espectaculares, también.

 

A pesar de los resultados, el retrato del español está cargado de futuro y comprensión, se valora el esfuerzo y su crecimiento como atleta: "Ayer fue un atleta con un largo bagaje profesional y lo confirmó con una meritoria actuación que le dio la plata en los 400 metros"; incluso se ofrece una imagen un tanto ingenua: "en Budapest, tenía 19 años y era lo más parecido a un espíritu libre". Por el contario, en la estampa de Schultz, se decanta por el estereotipo de la máquina alemana: "Schultz corre los 400 metros con un aire tan marcial que parece un robot. A los especialistas naturales les parece un insulto."; "En la contrarrecta le pasó el alemán como un obús. Fue un momento disuasorio: el gigante de dos metros aplastaba al liviano español"

 

 

Ingo Schultz

Lo que en uno se valora como esfuerzo y desarrollo profesional, en el otro se ridiculiza como lo contrario a los "especialistas naturales" (como si para éstos, se cita a Michael Johnson, sus triunfos les hubieran caído de un árbol). Palabras como marcial, robot, gigante, aplastar se repiten en los comentarios de fútbol que luego veremos. Es una pena, porque de este atleta, independientemente de su desarrollo deportivo, como persona, se tiene una imagen muy distinta en Alemania, más cercana a la que se ofrece del español, como un joven prometedor y vital. Sería deseable que estas crónicas deportivas demostraran un poco más de interés por los seres humanos que hay detrás de sus líneas y por su esfuerzo, y no sólo los nacionales.

Afortunadamente, el nivel del atlenismo alemán, que desde luego no vive sus mejores momentos, nos ha ahorrado un número más amplio de tópicos nacionalistas, lo que no fue posible en el caso del Mundial de fútbol.

 

El Mundial de fútbol

"Alemania aplasta a Arabia Saudí."

"Parecía que medían tres metros."

"Grises, fuertes y tenaces."

"Una infame Alemania gana como siempre."

"Este equipo de Rudi Völler es un auténtico ladrillo mecánico: simple, duro y cuadriculado, incapaz de llamar la atención por algún rasgo de virtuosismo."

"Con los alemanes no hay sueños que valgan. Hay algo en su carácter que les impide cualquier tipo de concesión romántica."

Comentarios extraídos de dos de los periódicos más vendidos e importantes en España: El País y El Mundo, sobre el juego de la selección alemana durante el reciente Mundial de fútbol y que dejan un tanto perplejo al lector que sienta un mínimo interés por este país, no por el hecho de criticar el juego de la selección (lo cual se ha hecho también en profundidad en Alemania), sino por el modo en que se recurre a toda una batería de estereotipos que se supone superados en la Europa multicultural.

Si en otras secciones de estos diarios, como las que tratan asuntos de política, economía, cultura o sociedad, se intentan evitar las simplificaciones tópicas de carácter nacionalista, al menos entre países de la Unión Europea, parece que en las crónicas deportivas, y especialmente en lo que se refiere al fútbol, todo vale. El orgullo nacional herido tiene que saldarse a costa de "víctimas", aunque sean sobre el papel; no importa que se trate de las páginas de periódicos considerados de prestigio y supuestamente atentos a ciertos códigos de ética profesional en la redacción de las noticias.

La imagen tópica de "máquinas implacables" teutonas tiene tanto de verdad como la de los salerosos españoles que son vagos, pero muy simpáticos. Igualmente resulta tan superficial e inocente la idea de la creatividad y el genio español frente a la eficacia gris alemana. Éstos ganan siempre, los otros pierden. Un ejemplo sintomático de esta simplificación la encontramos en un artículo de El País anterior a la final, en el que se destaca el abismo cualitativo que separa a las dos selecciones participantes: la de Brasil y la de Alemania:

"Los brasileños, favoritos indiscutibles frente a Alemania en la final más desequilibrada desde la de Suiza 54."

Afirmación que contradice la propia encuesta sobre el favorito de la final publicada por este periódico y en la que habían participado 10.000 internautas: 52% daba como vencedora a Brasil, 47% a Alemania. Pero todavía resulta más absurda cuando se leen las crónicas del día después en que se subraya la buena calidad del partido y también del juego alemán..

No menos ridículo es el hecho de reconciliarse con la selección alemana, como vemos en el diario El Mundo, por una supuesta identificación continental ante la victoria frente a Corea:

"Alemania salva el orgullo europeo"

 

Esta forma de polarizar las críticas futbolísticas y de recurrir a caracterizaciones nacionales o regionales no creemos que ayude a la comprensión entre los pueblos, ni a extender lo que se denomina el espíritu deportivo: jugar y saber participar, sea ganando o perdiendo. En este sentido, es alarmante observar la insistencia con que se critica en las citadas crónicas futbolísticas la ausencia de grandes individualidades, de "estrellas" en este mundial y se desprecia el concepto de trabajo en equipo: mediocridad colectiva frente a genio individual. Los valores que se defienden en otros ámbitos de la vida social (de los que también forma parte el deporte), como la camaradería, la solidaridad, parece que desde el punto de vista de algunos columnistas de este deporte son deficiencias. Se prefiere el fútbol de las grandes figuras, esa élite que cobra miles de millones de euros, pero representa la esperanza de muchos países, igual los subdesarrollados que los ricos industrializados.

 

¿Sólo importa ganar?

 

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