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La provocación como estrategia política

por Asunción Vacas Hermida y Detlef Zunker


septiembre, 2002

Hamburgo, 2001. Un juez, que se ha distinguido por sus juicios ejemplarizantes contra pequeños delincuentes, se presenta a las elecciones del Estado Federal de Hamburgo en septiembre de 2001 con fórmulas populistas y provocadoras como las siguientes:

  • la criminalidad es el problema más importante de los ciudadanos
  • Hamburgo es la capital de la delicuencia en Alemania
  • no debería existir en el futuro tolerancia para la criminalidad
  • habría que deportar a los delincuentes extranjeros
  • con este método se podría reducir en medio año la delincuencia a la mitad


Con estas afirmaciones simplistas y peligrosas, este partido, que nadie conoce por sus verdaderas siglas (PRO- Partei Rechtsstaatlicher Offensive- Partido de la Ofensiva Estatal de Derecha), sino como Partido de Schill, su fundador, edificó sobre el miedo y la falsedad una campaña, en que contó con el respaldo de la mayoría mediática del Estado de Hamburgo, cuya orientación es conservadora. El resultado: este partido, hacía poco tiempo fundado, conseguía un 19,2% de los votos y se convertía en la tercera fuerza política. Éste es el mejor resultado que un partido candidato a elecciones federales ha obtenido en la historia de la democracia alemana.


El Partido Conservador (CDU) y los liberales (FDP) crearon una coalición con Schill para gobernar en Hamburgo, como ya habían anunciado antes, y le nombraron Senador de Interior

Un año más tarde: Se ha demostrado que este partido no podía cumplir las promesas realizadas y que en realidad se reduce a su carismático dirigente. Sin embargo, decidió prsentarse a las elecciones generales que tendrán lugar este mes. Los sondeos electorales le profetizan menos del 5% necesario para acceder al parlamento nacional. La prensa favorable de hace sólo un año se muestra ahora escéptica y distante. En esta situación el fundador del partido utiliza el mismo recurso que entonces le había impulsado tanto. Desencadena en el Parlamento nacional un escándalo con su intervención como representante del Senado hamburgués. En su discurso habla en nombre del pueblo y defiende los intereses de los "eficientes alemanes" frente a los inhábiles políticos que han arruinado en favor de los refugiados y la ayuda al desarrollo al estado alemán, el cual ahora no cuenta con recursos suficientes para ayudar a las víctimas de la inundación del Elba. Cuando se le retiró la conexión de su micrófono, tras superar ampliamente su turno de palabra y no estar dispuesto a concluir, se enfrentó a la Vicepresidenta de la Cámara y afirmó ser una víctima de una violación inconstitucional: "He venido con gran confianza al parlamento y he tenido que comprobrar que aquí la Constitución es pisoteada."

El efecto: Schill aparece de nuevo en portada en la prensa y se convierte en tema de actualidad de los medios de comunicación, consiguiendo que muchos diarios impriman extensos párrafos de su discurso. ¿Objetivo conseguido? El partido de Schill parece haber nacido para los medios en estas elecciones. Pero, ¿qué es lo que ha venido al mundo? El orden de los buenos y los malos. Los buenos son los "competentes y eficientes alemanes"; sus enemigos, los extranjeros y los "otros" políticos. Estas son ideas que en Alemania tienen un pasado reconocible. La pregunta que nos asalta es: ¿Quiénes son los "hábiles alemanes"? Parados, probablemente, no; personas sin hogar, en ningún caso; extranjeros nacionalizados, posiblemente tampoco. ¿Pertenecen los jugadores de la selección alemana de fútbol, nacidos en otros países a esta minoría selecta como Klose (de Polonia), Oliver Neuville (de Francia) y Gerald Asamoah (de Ghana)? Selección que representó el "orgullo alemán" en los recientes mundiales de Corea.

Statistisches Bundesamt Deutschland 2002.¿Qué queda, cuando nos distanciamos de todo lo que no conocemos o nos parece extraño? Un pequeño mundo, excluídos también seguramente los ciudadanos de la Unión Europea, que por cierto son el grupo más numeroso con diferencia de los residentes extranjeros, tanto en Hamburgo como en Alemania.

¿Ha merecido la pena el escándalo? De momento, los partidos coaligados con Schill, aunque han criticado duramente sus palabras y su actuación irrespetuosa, sin embargo, parecen preferir mantener una "exitosa" política de gobierno; en este sentido, el presidente de esta coalición gubernamental, el conservador Ole von Beust, ha manifestado: "Si expulso al señor Schill la consecuencia sería el fin de la coalición. Nosotros nos hemos propuesto algo y ya en parte lo hemos alcanzado con esta coalición. Esto es más importante. Es necesario sopesarlo serenamente."

Es posible que éste sea el modelo cargado de futuro que nos proponen conservadores y liberales como alternativa al actual gobierno rojiverde en Alemania, especialmente adecuado en un Estado que es el que posee el número más elevado de residentes extranjeros de este país. Sin duda, es un ejemplo de la llamada globalización mundializadora y de la integración multicultural europea.

En cualquier caso, a pesar del masivo apoyo de los medios de comunicación durante toda la campaña electoral, los hamburgueses se han decidido por otro gobierno para su país (alrededor del 58 % de los votos para los rojiverdes) y, aunque se trata de diferentes elecciones, evidencia la desconfianza de los votantes ante esta coalición con el partido de Schill, el cual no llegó ni al 5% de los votos en Hamburgo.

 

 

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