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Cafés de Madrid

Hace 7 años que no vivo en España, primero el destino me llevó a Rumania y después me trajo a Hamburgo. En estos tiempos en que tanto se habla de la globalización, de esa "aldea global", en donde todo parece ser uno y lo mismo, resulta reconfortante vivir en otros países para comprobar que afortunadamente no es así, incluso en el limitado contexto de Europa. No me refiero aquí a las desigualdades sociales y económicas de las que no me alegro en absoluto, sino al hecho de sentir que las personas somos distintas, tenemos historias diversas, culturas y lenguas diferentes.

Precisamente los cinco años que llevo viviendo en Alemania me han demostrado la variedad de estas diferencias culturales y una se refiere al tipo de locales en los que tiene lugar la vida social fuera de las casas. Algunas palabras que se utilizan para designar estos sitios como bar, café o cafetería, aunque existen en las dos lenguas, se refieren a realidades distintas, igualmente es diverso el papel que desempeñan estos lugares en la sociedad.

Centrándonos en el tema de los cafés, diré que es imposible comparar la oferta madrileña con la que presenta una ciudad tan importante como Hamburgo, en donde tengo que hacer un esfuerzo de memoria para recordar algunos y no alcazan una cifra relevante. Es difícil encontrar aquí cafés amplios, agradables para sentarse y charlar con los amigos, o para leer el periódico o para escuchar buena música. Por el contrario abundan un tipo de locales de carácter para mí impersonal, mezcla de bar, pub y restaurante.

En Madrid han desaparecido muchos de los antiguos cafés. Su época dorada se remonta al último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX, cuando tuvieron un destacado papel en la vida política, social y cultural de la ciudad. Estos centros de reunión de hombres, todo hay que decirlo, en los que se discutía sobre política o se desarrollaban tertulias artísticas o literarias, creo que no tienen una tradición similar en Alemania, y si la han tenido ha desaparecido completamente. Lo cierto es que la importancia de los contactos sociales, antes o ahora, es mucho menor en Alemania, especialmente en el norte, que en España, sea en bares, cafés, pubs, etc.
Si uno pregunta por qué, las respuestas son variadas: el mal tiempo que no invita mucho a salir de casa; la importancia que se le concede al trabajo sobre cualquier otra actividad social; las consecuencias del nazismo y la segunda guerra mundial, que provocaron un hermetismo social para callar y olvidar.

Café Central
Café Gijón

Aunque menos que en esas épocas pasadas, todavía quedan en Madrid algunos de los cafés clásicos y han surgido muchos otros para satisfacer todos los gustos. Por mi parte hay dos costumbres que, además de ver a la familia y a los amigos, están presentes en todos los retornos a mi ciudad: recorrer las librerías e ir a los cafés.

Tengo muchos recuerdos asociados a algunos de los cafés de Madrid: noches enteras de discusiones para cambiar el mundo en cafés del barrio de Malasaña, como El foro, Manuela o Estar; o mañanas de estudio en el café más antiguo de Madrid, el Comercial, en la glorieta de Bilbao; o tardes de encuentros con antiguos amigos en el Barbieri, situado en el, también céntrico, barrio de Lavapiés; o también en el más moderno Central, en la Plaza del Angel, cerca de la calle de Huertas, en cuyos alrededores hay muchos cafés.

En cuanto a los cambios que afectan a este tipo de locales, me ha sorprendido en mis últimos viajes a Madrid la proliferación de algunas cadenas, como Il Caffè di Roma o Café & Té, mezcla de cafeterías y cafés, más al estilo italiano de tomar un café de camino a algún otro lugar. Sin embargo, estos cambios no son una novedad y encuentran su paralelo en las cafeterías que nacieron en los años 60 y 70, siguiendo el modelo norteamericano; sitios más prácticos y rápidos, aunque en su nueva versión, bastante más caros y de sofisticada carta.
Confío, no obstante, en que en nuestra aspiración por ser más europeos, y lo que considero que asociamos a este concepto, como ser más eficientes en el trabajo, no implique una disminucción de la importancia de la vida social, y la desaparición de lugares para difrutar sin prisas de un buen café en compañía. Prefiero seguir echando de menos estos sitios, mientras vivo en Hamburgo, que no tener que prescindir para siempre de ellos.

Un último consejo para los visitantes de mi ciudad: que reserven algo de tiempo para callejear y descubrir algunos de estos cafés u otros que se encuentren en el camino y sean de su agrado. Una simple búsqueda en algunos de los portales de información sobre el ocio en Madrid les sorprenderá por la oferta. Les recomiendo que visiten esta dirección y lo comprueben (para ello elegir el apartado dónde comer).
¡Que lo disfruten!

Café Barbieri


Asunción Vacas Hermida

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