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Serie Cuba: ¿Coches? No hay

Quien haya visto la película Guantanamera, sabrá que para un cubano un viaje a otra ciudad es una aventura que requiere mucha paciencia y cuyo resultado es incierto. El que desee recorrer el país por su cuenta, descubrirá que casi nada en esta película es exagerado. Esto vale también para los turistas con dólares. Viajar en Cuba exige un elevado grado de paciencia y flexibilidad, así como estar preparado para que todo salga de forma diferente a lo planeado. Como los cubanos son muy curiosos y están dispuestos a ayudar, existe casi siempre una solución para tus problemas. ¿Cuáles? Esto lo descubrirás después.

El medio de transporte más utilizado es el autobús, que comunica las grandes ciudades con el campo por poco dinero. Hay también camiones privados que a cambio de bajos precios en dólares te llevan a tu destino. Si le preguntas a alguien del lugar por un medio de transporte, te recomendarán el taxi, puesto que uno llega muy cómodamente a su destino. Quien insiste y vuelve a preguntar se enfrenta al dilema de recibir informaciones diferentes cada vez, pues no existen horarios oficiales.
En la estación de Santiago de Cuba sólo se puede esperar al autobús dentro del edificio. Una vez que el autobús ha llegado y se puede salir, el viajero recibe un número que no da derecho a sentarse sino a subir, por eso todos corren con sus números para pagar y después conseguir un asiento. Mientras que la salida de la ciudad es medianamente calculable, no sucede lo mismo con el regreso. Aunque hay teorías sobre la llegada del autobús, la práctica es muy diferente. Después de haber estado en una pequeña bahía a unos 30 km de Santiago, nos dirigimos a la parada del autobús a la hora indicada, las cuatro de la tarde. Estuvimos esperando una hora, pero no apareció ningún autobús. La mayoría de la gente que estaba allí había llegado con pequeños camiones de un amigo, de un vecino o de su empresa de trabajo. Por un dólar se ofreció a llevarnos el conductor de unos de esos camiones , que nos aseguró que ya se iba, pero al que tuvimos que esperar otra hora hasta que los aproximadamente treinta trabajadores de aquel grupo salieron del agua y compartieron su viaje con nosotros alrededor de una bañera de cervezas frías.

Una alternativa mejor para conocer la vida cubana es viajar en coche alquilado. Sin embargo, conseguir uno no es tan fácil, aunque sea mucho más caro que en Alemania, puesto que no es posible reservarlo con antelación. En las agencias de alquiler uno recibe siempre la misma respuesta: ir directamente el día en que se desea salir y probar suerte, ya que rige el principio de "quien ha alquilado un coche puede utilizarlo hasta que quiera" y por tanto "quien necesita uno tiene que esperar hasta que alguno quede libre". No obstante, el esfuerzo merece la pena porque es posible vivir situaciones extraordinarias para nuestro mundo.

Guagua en la Habana

 

Calle principal de Santiago de Cuba

 

 

Paseo del Prado en La Habana

 

Hay grandes autopistas de la época dorada del comunismo y que en su mayoría están en buen estado porque son poco transitadas, debido al elevado precio de la gasolina. Cuando uno se aleja unos 30 km de grandes ciudades como La Habana o Santiago, no se ve prácticamente tráfico. Iniciado nuestro viaje, a unos 20 km de La Habana en dirección a Pinar del Río (suroeste) nos preguntábamos en el coche cuál sería el límite de velocidad, porque no habíamos visto ninguna señal, cuando dos polícias nos hicieron gestos con las manos para parar. Pensamos que nos querían poner una multa y estábamos un poco nerviosos. Al acercarse los policías nos preguntaron nuestro destino y nos pidieron amablemente que les lleváramos a un determinado pueblo en el camino. Aceptamos y durante el trayecto les preguntamos cuál era realmente el límite de velocidad. La respuesta fue que cualquier velocidad era buena mientras ellos estuvieran en el coche, menos ir demasiado despacio.

 

La Habana, hora punta

 

Los coches se conservan siempre

 

El barco: un transporte bueno y barato
El visitante que no desee estar solo debería escoger esta forma de viaje. Bajo los puentes de las autopistas esperan de 20 a 50 personas a que alguien los lleve, puesto que la mayoría de los autobuses van demasido llenos. Si el conductor tiene sitio en el coche y reduce la velocidad, una multitud comenzara a correr detrás y a gritar. Sólo para animos tranquilos.

Especialmente en las carreteras comarcales viajamos siempe con el coche lleno. De este modo conocimos a pescadores y compartimos con ellos el olor de sus cestos de pesca; o a familias cargadas con gallinas y sacos de comida. Aunque por lo general disfrutamos de encuentros muy agradables, a veces no fue fácil para ninguna de las dos partes saber exactamente cómo entrar en conversación.
Increíble fue el comprobar que la visión de un coche era en algunos puntos lejanos como la llegada de una nave espacial. Una vez un hombre muy mayor que acompañaba a otro más joven se negó a subir por lo que parecía ser cierto miedo a la máquina.
Triste, en cambio, fue el descubrir que en algunos casos la falta de buenos servicios de transporte es más grave que la incomodidad de llegar tarde o estresado al trabajo. En uno de nuestros viajes de vuelta a Santiago recogimos de la carretera a una señora con su hija de unos 7 años que llevaba un vendaje en la cabeza y unos de los ojos tapados. No había ambulancia ni autobús y la niña tenía que ingresar urgentemente en un hospital de Santiago a más de 50 Km. Así que la llevamos.

Como no hay gasolineras ni en las autopistas ni en las grandes carreteras es necesario calcular bien en qué ciudad se puede repostar. Lo mismo ocurre con el estado del coche. Aunque los cubanos están dispuestos a ayudarte, es complicado arreglar una avería. Cuando una vez en el fin del mundo descubrí que una rueda delantera tenía muy poco aire y necesitábamos una bomba de aire, nos enviaron primero a un campamento militar cercano, al que sin embargo no pudimos entrar. Algún vecino nos mandó a casa de Antonio. Éste tenía una bomba para inflar bicicletas, pero dijo que no era suficiente. Y empezó a inflar la rueda con esa máquina de la que se perdía más aire del que entraba en la rueda. Después de treinta minutos observado por toda la familia y bajo un fuerte sol, Antonio parecía que iba a sufrir un infarto de corazón, pero la rueda tuvo suficiente aire para llegar a Santiago. A pesar del esfuerzo Antonio no quería dinero y sólo fue posible regalarle un paquete de cigarrillos.

 

Detlef  Zunker, enero, 2002.

 

 

Links de interés sobre Cuba

En Hamburgo: http://www.casadecuba.de

http://www.cuba-erleben.de/: Portal alemán con mucha información sobre el país

Portales cubanos de información :
http://www.cubaweb.cu/esp/main.asp
http://www.cuba.cu
http://mipais.cuba.cu: Sitio con información básica sobre la isla (geografía, historia...) en español

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