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El que no arriesga, no gana.


Lorena es chilena, de Santiago y tiene treinta y tantos años. Es una enfermera matrona. Estudió en la Universidad y trabajó 12 años en un hospital, pero siempre con la inquietud de hacer algo más...

 

Me encantaba mi trabajo, de hecho todavía lo extraño, pero tenía la impresión de que me quedaría permanente allí y que tenía que probar algo más y en el extranjero. Yo quería vivir otra cultura. Pensé primero en irme a EE.UU. para hacer un posgrado, pero me resultaba carísimo; y trabajar allá no estaba muy bien entonces. Así que pensé pues nada no será. Y un día, por casualidad, por cosas del destino, conocí a Ingo, que es mi novio actual, a través de internet.

Estaba sola en Santiago, andaba aburrida, era verano, enero, y toda mi familia estaba en la playa, de vacaciones. Un día estaba con mi mejor amiga de Santiago, estábamos leyendo el diario y vimos unos anuncios que decían que la gente se conocía por internet y dijimos pues vamos a ver qué es. Y entramos y yo dejé un mensaje muy corto. La cosa es que pasó más o menos un mes y de repente chequeé la dirección de correo que había dejado y encontré un correo de Ingo. Me pareció simpático, porque yo nunca imaginé que alguien escribiría y le contesté breve, y así empezó.

Entonces ni se me pasaba por la cabeza que algo podría pasar entre nosotros, pero me pareció interesante conocer a alguien así y poco peligroso, porque de tan lejos pues pensé que no le llegaría a conocer en persona. Pero al cabo de un mes, me pidió llamarme por teléfono; yo siempre desconfiada le di el teléfono de mi celular, y resulta que estuvimos hablando una hora. Fascinación de los dos lados por la forma de ser... Luego él vino a Chile para aprender español y yo me enamoré al conocerlo, al tratarlo. Y ésa fue la historia. Decidimos vivir juntos y estoy aquí y hasta ahora no me arrepiento.


Detlef: ¿Cuanto tiempo llevas aquí?

Un año y cuatro meses.

D: Estás estudiando en la Escuela Superior de Políticas y Economía, ¿qué es lo que quieres estudiar?
Inicialmente mi idea era económicas, pero tadavía no lo he decidido, porque es un mundo totalmente nuevo para mí, siempre me dediqué a los temas de medicina. Es muy interesante, abre perspectivas, te da argumentos para enjuiciar el mundo, pero no sé si es mi tema definitivamente. Depende mucho de cómo me vaya, porque cuando uno parte con el pie derecho y goza de estudiar, pues sientes que puedes tomar otro rumbo, pero si al final es más una tortura, entonces significa que no es lo mío. Hasta el momento me ha ido bien y esa esperanza tengo, aunque ha sido a costa de harto esfuerzo, de harto trabajo, no gratis.

D: Son lecciones de humildad, ¿no? Cuando ya has trabajado en tu país, y has estudiado...
Sí, partir de un determinado nivel y tener que bajar unos cuantos escalones. Y yo creo que una de las cosas que tengo que aprender es a ser más humilde, yo creo que por algo estoy aquí y por eso estoy viviendo lo que estoy viviendo. Ingo me dice que yo era un poco arrogante y es posible, porque a mí las cosas se me dieron siempre muy fácil: la familia, los estudios, el trabajo...
Y al llegar aquí con el idioma, los problemas para convalidar mi título... Las cosas ahora me han costado más, pero eso le hace a uno más fuerte.

D: El trabajo que tenías en Chile, ¿lo mantienes?
Sí, yo pedí permiso sin sueldo por dos años. Era por estudios, aunque todo el mundo sabía que es que tenía un novio alemán. Pero yo debo volver en abril si no encuentro aquí nada. Así lo pensé en Chile. Vine a Alemania por Ingo, pero me fui de Chile por mí; sin embargo, jamás pensé lo que afectaba estar tan solo, con mi familia tan lejos. Afortunadamente llamar a Chile es muy barato, por eso puedo mantener contacto fácil. Deprimida hasta ahora no he estado, pero me hacen falta más de lo que yo me imaginé. Yo siempre fui muy independiente y ahora me doy cuenta de que sí soy bien pegada a la familia.

D: ¿Trabajas aquí ahora?
Ahora no. Estoy buscando trabajo. Estoy todavía en proceso de reconocimento del título porque me lo reconocieron sólo como auxiliar de enfermería y no como enfermera. En otros países de la Unión Europea en los que he pedido la convalidación, sí que me lo están reconociendo. Entonces puedo volver a reclamar aquí. En cualquier caso, pensé, no importa, voy a trabajar igual.

Encontré un trabajo, pero duré dos días. Llamé a un anuncio de Atención domiciliaria. La persona de la entrevista me cayó muy bien, todos muy simpáticos. Hice el primer día de orientación, fuimos en coche a visitar a las personas en casa. En general son personas mayores que viven solas. Pero no me gustó. Yo siempre trabajé en un hospital y cada vez que venía una persona hacía una historia del paciente, y aquí pues la visita duraba como 5 minutos, le das el medicamento y ya, como mucho 15 minutos. Me sentí muy mal. Me deprimí. Era tan grande la frustración que estuve llorando por la noche. Ahora pienso que es una experiencia y tengo que hacer más cosas. Pero decidí primero terminar en la Universidad con mi semestre y buscar después trabajo.

Tengo que hacer algo porque no me puedo quedar sentada. Es importante también el trabajo, no sólo la relación sentimental. En abril, si mi cuenta queda a cero, tendría que volver a mi empleo en Santiago. Todavía no sé qué haré y ése es gran parte de mi estrés. Jamás me tuve que enfrentar a una decisión de vida tan importante.