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Todos somos madrileños

por Juan Carlos Benavente

   

 

13 de marzo de 2004

Ayer, 12 de marzo, más de once millones de españoles salían a la calle para manifestarse en contra del terrorismo. También hubo manifestaciones en diferentes ciudades europeas, flores ante las embajadas españolas, velas encendidas y libros de condolencia. Ayer y hoy y en los próximos días todos somos madrileños: yo no soy catalán ya, ni español siquiera, ni hay vascos ni castellanos ni andaluces, hoy somos todos víctimas, hoy somos todos madrileños.

Ante el dolor provocado por la matanza del 11-M, ante el absurdo de ese dolor y ante el absurdo de cualquier acto de terror las personas que llenaron ayer las calles españolas portaban pancartas con la pregunta "¿Por qué?". Ése fue el lema que se quedó grabado en mi memoria; los otros, ETA no, No a la Guerra, Asesinos o Paz y No Bombas, ya los conocemos y expresan una repulsa clara que no pretende respuesta ni pretende argumentar sus propios ideales porque lo que esas frases expresan no precisa explicación. Pero ese "por qué" interrogativo lanzado a los responsables de la masacre, esa pregunta, espera una respuesta, necesita una explicación para poder soportar el dolor en el que nos han sumido 200 muertos y 1500 heridos. Y desgraciadamente, aun frente a lo abominable y repugnante de cualquier acto terrorista, mueran en el una o 1000 personas, en esta ocasión parece haber una respuesta clara. Nuestro dolor es el mismo que el de las personas que fueron bombardeadas en Irak en nombre de la libertad y la democracia, nuestro dolor es el de aquellos que perdieron sus casas, a sus seres queridos, la poca miseria que poseían y en la que malvivían bajo la tiranía de Saddam Hussein antes de que los asesinara la tiranía capitalista, nuestro dolor, posiblemente, lo provocan bombas lanzadas en nombre de Alá y del Corán y que sumen en el caos el corazón de nuestras ciudades y nuestro modus vivendi. La respuesta, pues, es la venganza, la respuesta es la guerra.Y esa respuesta convierte el atentando del pasado jueves en algo todavía más aterrador, en algo todavía más absurdo.

Me pregunto, prefiriendo desconocer la respuesta, cuántas de las víctimas del 11-M participaron hace meses en las manifestaciones en contra de la guerra y me repugna que el presidente del gobierno español, José María Aznar, participe en una manifestación contra un atentado terrorista que él mismo ha provocado llevándonos a todos los españoles a una guerra contra la que el 90% de la población estaba en contra. Y ahora ya no sirven los discursos grandilocuentes, ni la mano dura, ni el "cazaremos a esos cobardes" de película mala estadounidense... , no hay nadie a quien cazar porque desgraciadamente el atentado salvaje en Madrid está perfectamente justificado según las reglas que los países democraticos hemos creado y consideramos como las únicas válidas: en una guerra vale prácticamente todo (quiero ser prudente) y ante un ataque de otra nación (en este caso España) es lícito defenderse. Lo peor de la tragedia, dejando de lado la muerte de los inocentes pues nada hay peor que su muerte, es que estamos en guerra con el mundo islámico y que esa guerra provocará muchas más víctimas en USA, en Alemania u otra vez en España... victimas inocentes que solo querían ir a su trabajo o a la Universidad, como los madrileños que murieron en esos trenes infernales, como la mayoría de nosotros que nunca quisimos esa guerra y nos arrastraron a ella.

Hoy, al margen de todo, estoy en España en mi pensamiento y en mi corazón a pesar de la lejanía física, estoy con mis amigos y mi familia, abrazados y llorando por los que ya no están, y todos somos madrileños.

 

 

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